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Se
le vió caminar de nuevo por las calles del pueblo. Gracias al empeño,
la ilusión y el esfuerzo de muchos. El sacrificio de los costaleros fué muy grande, a la inexperiencia se le unió el excesivo peso de un trono que no fué construido para llevarlo a hombros, y por si esto fuera poco, el goteo de la cera que les iba quemando. A pesar de todo nadie se desanimó, cumplieron muy dignamente, todo valió la pena por lo que sentimos esa noche. Los ensayos se hicieron con el trono vacio, así que todos deseábamos que llegara el Viernes Santo. |
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Antes de la hora convenida ya iban llegando los costaleros. Algunos nervios a la salida, que desaparecieron nada más comenzar a andar, o casi correr, tenían prisa, querían que todos vieran que Jesús, el Nazareno, volvía a caminar como lo hiciera antiguamente. |
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