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En la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Rafal, con anterioridad a la Guerra Civil que asoló el país, se encontraban imágenes que, además de expuestas al culto, eran veneradas en desfiles procesionales dentro de la más pura y fervorosa tradición de la religiosidad. Pero durante la guerra
las imágenes de Nuestro Padre Jesús, la Virgen de la Soledad y el Santo
Sepulcro fueron destruidas, con lo que durante algún tiempo el fervor
penitencial de la Semana Santa plasmado en los desfiles procesionales
quedó paralizado. |
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Se rescata para la Semana Santa rafaleña
imágenes y símbolos que nunca antes habían participado en ella, las
primitivas cofradías renuevan su patrimonio, vestas, tronos, etc...
A pesar de las lógicas diferencias surge una renovada concordia entre
todas ellas, que se traduce en un mayor fervor religioso a través de
la celebración de misas, triduos, etc. Se regula el orden procesional,
así como la situación jurídico-fiscal y eclesiástica de las cofradías
y de nuevo surge una serie de actos paralelos con el fín de recaudar
fondos para las mismas (representaciones teatrales, desfiles de moda,
rifas, etc.). Al día siguiente, Viernes Santo, después de la celebración de los Oficios se realiza el Vía Crucis hasta el calvario con la imagen del Cristo Crucificado acompañado por el pueblo. Sábado Santo tiene lugar la procesión del Santo Entierro en la que participan las Cofradías de María Magdalena, del Sepulcro, de San Juan, de la Virgen de los Dolores y la Hermandad de la Flagelación y Ntra. Sra. de la Soledad. Domingo de Resurrección tiene lugar el acto más popular y querido por todos los rafaleños, la Procesión del Encuentro o de la Graná. Se trata de una graná de cartón piedra rellena de aleluyas (papelillos de colores) y pétalos de flores, suspendida de un arco, que se abre al amanecer del domingo, cuando la Virgen del Rosario ve a su hijo resucitado. |
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