“Las empresas editoriales siguen siendo en su mayoría rentables, aunque sea a golpe de promociones”
Ana Gómez / Inma González
Sergio Martínez Mahugo es un joven periodista de raza, que hace un par de años tuvo una interesante oferta y no dudó en canalizar sus esfuerzos desde la enseñanza y optó por formar jóvenes en una profesión apasionante pero que está atravesando momentos difíciles, de readaptación con la fulminante consolidación del llamado fenómeno digital.
Actualmente imparte clases de Diseño Periodístico y Producción Periodística, Infografía y Periodismo Digital en la Universidad San Pablo Ceu de Elche, realiza tareas de investigación, tiene un blog personal y aunque parece increíble esta inmerso en su tesis doctoral que quiere terminar a finales de año. Lector apasionado, currante sin precedente, y un tío excepcional no ha dudado un momento en dedicarnos amablemente unos minutos y en fin, ahí va la entrevista.
¿Se puede vivir con el sueldo de periodista? ¿Qué te llevo a dejarlo e incorporarte como docente en el CEU?
Pues, sinceramente, no entraba para nada en mis planes la docencia ni por asomo. Sin embargo, después de varios años ejerciendo de periodista en distintos medios locales de Valencia, Madrid, Toledo y Murcia, surgió la oportunidad de compaginar periodismo y docencia y la aproveché. Después de unos dos años en la universidad me ofrecieron la posibilidad de incorporarme a tiempo completo con más clases y tareas de investigación, y no me lo pensé. Y fundamentalmente, por cuestiones económicas. La profesión de periodista es apasionante y no la cambiaría por nada del mundo, pero detesto que las empresas periodísticas se aprovechen precisamente de esa pasión para exigirte siempre más y más y más: más tiempo, más tareas, más trabajo, más iniciativas... Y todo por el mismo precio y sin reconocimiento alguno. Al final fue también una cuestión de orgullo.
¿Tengo entendido que estás también embarcado en la Tesis Doctoral? ¿Te queda tiempo para tan ardua tarea?
Pues me queda mucho menos tiempo del que quisiera. De hecho la tesis la saco sobre todo en los meses de verano, cuando no hay clases. Durante el resto del año, casi que lo único que puedo hacer es leer mucho, buscar determinadas informaciones... Pero vamos, lo que es todo el trabajo de redacción, lo que tengo que concentrar en esos tres meses en los que me encierro sin televisión y sobre todo sin Internet.
¿Cómo se están readaptando los periodistas de larga trayectoria al fenómeno digital?
Pues se están readaptando, yo creo, que como buenamente pueden. Porque sinceramente no es fácil. En apenas diez años se han producido muchos cambios importantes que afectan al trabajo y las rutinas productivas del periodista. De todas formas, la situación tampoco debe sorprender a nadie: la introducción de linotipias, rotativas, programas de autoedición, etc, también provocó en un primer momento un cierto rechazo entre un grupo de periodistas más conformistas. Luego siempre está el otro grupo que no tiene miedo al cambio y que ve las inmensas posibilidades que ofrece todo lo relativo a Internet.
¿Crees que la crisis del periodismo tradicional está causada por el protagonismo de la ciudadanía en los medios de comunicación?
No, que va. Todo lo contrario. Creo que el auge de medios sociales o medios ciudadanos se debe precisamente a la crisis en la que están inmersos los medios tradicionales, sobre todo la prensa de papel. En cualquier caso, esto de crisis es muy subjetivo, es como la crisis económica que unos llaman crisis y otros recesión. El papel sigue ganando dinero y las empresas editoriales siguen siendo en su mayoría rentables, aunque sea a golpe de promociones y regalar hasta exámenes de próstata (¡qué se ha dado el caso!); lo que no quiere decir que poco a poco no estén perdiendo difusión, publicidad, etc. Y sobre todo, que otro medio, Internet está empezando a ganar cada vez más. Por otro lado, la crisis de la prensa tradicional no es una crisis en términos económicos sino una crisis de credibilidad. Y eso me parece más grave porque tiene peor solución. Los medios tradicionales están claramente alineados con partidos políticos o empresas y la gente lo percibe como una amenaza. Quizás por eso, la de periodista, es una de las profesiones/instituciones peor valoradas por los ciudadanos en todas las encuestas del CIS. Bueno, por eso, y por la mala prensa de la prensa rosa, valga la redundancia.
¿Está en peligro la profesión de periodista, por el llamado "intrusismo"?
Están en peligro los malos periodistas. Con casi 5.000 nuevos licenciados nuevos en periodismo cada año, no creo que las empresas necesiten echar mano de esos "intrusos". Otra cosa es que esos recién licenciados no salgan con toda la formación adecuada, y sobre todo con las ganas y la pasión necesaria para ejercer la profesión (que creo que es el principal mal); ésos, y los malos periodistas -burócratas sin apenas iniciativa- que ahora mismo pululan por ciertas redacciones, esos sí que están amenazados. Pero desde luego, no lo está el buen periodista. Hoy hay más oportunidades que nunca.
¿Realmente se puede dejar en manos de la ciudadanía la potestad de editar y publicar noticias y decidir acerca de su importancia?
No es cuestión de que se pueda dejar o no; simplemente está sucediendo. Y sinceramente, muchas veces hasta lo hacen mejor que algunos profesionales. Y ese es el problema. El problema no es exógeno, es endémico dentro de la profesión: redacciones plagadas de becarios simplemente por ahorrar costes, notas de prensa convertidas en noticia por la misma razón, empresarios con empresas de tornillos metidos en los consejos de administración de muchos medios de comunicación... No, no es un buen panorama.
¿Podrías comentarnos algo acerca de tu blog personal?
Sí, claro. Que se llama e-galeradas, que me da muchos quebraderos de cabeza porque cuesta actualizar y no encuentro muchas veces el tiempo necesario para hacerlo, pero que al mismo tiempo me da muchísimas satisfacciones y disfruto con él como un enano. Lo uso sobre todo para ordenar ideas de mi cabeza y para proponer temas y lecturas a mis alumnos.
¿Colaboras personalmente en ceuelchedigital.com?
A ver... no, no colaboro. El diario lo monté con una chica de aquí de Murcia para los alumnos y es lo que ellos quieren que sea. Yo simplemente los organizo por grupos y les asigno días para su actualización. La primera vez que algún alumno publica sí que suele consultar antes el tema y cómo enfocarlo; a veces hasta me lo pasa para que le eche un vistazo, pero en seguida son ellos mismos los que se encargan de todo. Casi nunca he corregido nada a priori. Creo que es fundamental que sepan los riesgos de la escritura pública; si un tema está mal desarrollado o mal escrito, el peor parado es el alumno que lo hace y lo firma. Eso sí, terminado el curso, recopilo todo lo que me parece interesante y elimino aquello que creo que no debería estar publicado porque no tiene el mínimo de calidad exigible.
Una conocida escritora Lucia Etxevarria se vio obligada a cerrar su blog por los insultos, y otros comentarios malintencionados, no crees que pueden traspasarse los límites.
Sí, claro que pueden superarse determinados límites. Todo eso del periodismo ciudadano está muy bien... si los ciudadanos tienen la educación necesaria para ejercerlo y desempeñarlo. En cualquier caso, no es nada exclusivo de Internet. Es como si tú decides abrir una tienda en tu barrio y unos desaprensivos desde el primer día te dedican una pintada de mal gusto en la fachada; acabas harto, y con toda la razón del mundo. Pero también puedes tomar otras medidas mucho menos extremistas que cerrar el chiringuito: exigir un registro previo de usuarios que puedan comentar, moderar los comentarios, no permitirlos...
¿Hay normativa qué ponga límite a estas actuaciones, o es un terreno todavía exento de regulación?
El problema de estos casos es que muchas veces el usuario se ampara en el anonimato para cometer este tipo de prácticas. Y otro problema añadido es que hace corresponsable de su "delito" a la persona encargada de mantener el blog o el medio en cuestión. Y al final la persona que lo mantiene se puede meter en un lío judicial si su espacio en la red ampara comentarios o manifestaciones racistas, xenófobas, machistas, amenazas a terceros, etc, etc.
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