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| Del siglo XIX hasta hoy |
Ya desde primeros de siglo se oteaba la crisis
señorial y, pese a los retrocesos habidos, hacia 1840 podía considerarse
conclusa la primera fase de la vida de Benijófar, los hitos principales fueron
la invasión francesa y consecuente sublevación popular; el decreto de las
Cortes de Cádiz, de abolición de los señoríos jurisdiccionales, de 19 de
agosto de 1811; parciales restablecimientos de los derechos feudales de 1814 y
1823; y finalmente la ley de 26 de agosto de 1837, que abolía definitivamente
el régimen señorial en España y la de 14 de diciembre de 1840 que
suprimía los diezmos. También el Decreto de 27 de septiembre de 1820
relativo a la supresión de cualquier clase de vinculaciones, y tras
la década ominosa puesta de nuevo en vigor por el Decreto de 30 de
agosto de 1836, aceleró el proceso.
La ley de 26 de agosto de 1837 permitió a los señores de Benijófar
que este se transformara en su propiedad particular, pero sin los
derechos jurisdiccionales. A partir de esta fecha se asiste al
fraccionamiento de ésta única propiedad asta llegar al minifundio
actual. Como cabía suponer de esta inicial propiedad única, las
desamortizaciones del siglo pasado no tuvieron incidencia en la
población, contrariamente a lo sucedido en las localidades de la Vega
Baja que eran de realengo o a los señoríos eclesiásticos. Tampoco
había fincas "de propios" que desamortizar en 1854-56. Pero
aún así cuando se redactó el resumen hecho por la Junta Consultiva
Agronómica de las Minorías sobre Riegos, en 1904 ya no quedaban
huellas del dominio anterior.
Cuando en virtud de la Ley de Reforma Agraria de 15 de septiembre de
1932 se elaboró un Registro de la Propiedad Expropiable, Benijófar
no fíe incluido.
El 21 de marzo de 1828, comienzan una serie de terremotos que
durarían hasta septiembre, registrándose en Benijófar un grado de
X. Apenas contaba con 250 habitantes y no sufrió pérdidas humanas,
pero tal como señaló el Diario de Valencia del 5 de abril de 1829
"fueron destruidos la iglesia parroquial y gran parte de las
cosas con las de su huerta y campo, sin que haya quedado un que no
sufriera quebranto".
La Vega Baja, zona fuertemente sísmica había tenido varios avisos
desde su reconquista, y el eje Benijófar-Rojales se había mostrado
como un importante núcleo sísmico. En concreto, el terremoto del 1
de noviembre de 1755 (que destruyó Lisboa), consta ya como
atestiguado en Benijófar. El día 24 se atestiguan temblores en
Benijófar, y como en toda la Vega Baja siguieron hasta septiembre,
aunque no quedan otras citas concretas de Benijófar cabe suponer que
en él también se manifestaron.
El Rey acuciado por el obispo de Orihuela, tuvo el acierto de mandar
al extraodinario ingeniero Jose Agustín de Larramendi para dirigir
los trabajos de saneamiento y reconstrucción, que llegó a Orihuela
el 23 de abril de 1829, y auxiliado por otro ingeniero, Eugene
Fourdinier, sería el artífice de la restauración urbanística de
toda la comarca.
Larramendi decidió la reconstrucción de 75 casas de Benijófar con
arreglo a los planos aprovados por el Rey el 10 de junio de 1829,
sobre la fase un memorial de 6 de junio. Desde 1845 Benif¡jófar ha
ido creciendo paulatinamente hasta llegar a la fecha actual.