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| Siglo XVIII |
A lo largo del siglo XVIII Benijófar siguió un camino similar al
de los restantes señoríos formados en el bajo segura: consolidación
del lugar y un relativo despegue en los últimos años. En el momento
inicial, el señor del lugar estableció la población reservándose
el "dominio directo" y otorgado el "dominio útil"
en perpetuidad a las pobladores a cambio del derecho a percibir
anualmente una renta determinada y otros ingresos suplementarios.
Los 17 pobladores iniciales recibieron unas explotaciones de unos
tamaños bastante amplios lo que posibilitaría la ulterior
subdivisión de los predios con el aumento de la población. Los
censos enfitéuticos (contrato por el que se pagaba un pequeño canon)
exigidos por el dominio útil cedido oscilaban según la clase de
tierra, siendo diferente el pago de regadío al de secano. En
Benijófar la tahulla aparecía gravada con 2 sueldos y 1/7 de los
frutos, y además les obligaba a plantar, en los cuatro años
siguientes al establecimiento, cinco tahullas de olivar, vina o
moreral.
Finalmente (hasta que no lo redimiesen) a los enfiteutas, por
entregarles casa, se les cargaba "un censo redimible por el valor
en que fuera tasada y pagando una pensión anual al 5% hasta que no se
redimiese". A parte de estas obligaciones, el señor se reservaba
una serie de derechos e imponía otras cargas a los enfiteutas, amen
de los derechos del propio señorío.
De todos modos, frente a otras modalidades de puesta en cultivo ya
surgió con un reparto importante de la propiedad, puesto que en el
padrón de 1735, el señor sólo detentaba "el 17,3% del valor
total de la superficie agrícola".
Así pues a lo largo del siglo Benijófar se asentó definitivamente
como explotación agrícola, la única dehesa se la reservó el
señór y prácticamente no había ganado.