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No se ha localizado restos de la época visigótica, lo que es normal porque nos encontrarnos en una región donde la presencia de este pueblo fue exigua. Sin embargo, sí que los hay, y de gran importancia, de la época musulmana. Tudmir, la tierra de Teodomiro, después Sharq-Al-Andalus, era un territorio rico en poblamiento del que quedan abundantes testimonios. En 1897, durante los trabajos previos a la repoblación de las dunas, se encontró una lápida escrita en caracteres arábigos en el paraje de la Fonteta que, traducida, dice lo siguiente: 

"En el nombre de Alá, el Clemente, el Misericordioso, No <hay> Dios, sino Alá: Mahoma es el enviado de Alá; se concluye esta mezquita en el mes de Almoharré el año tres y treinta y trescientos: mandó construirla Ahmed, hijo de Bohlul, hijo de la hija de Alwatsecbil, el que busca la recompensa de Al; <la hizo> con auxilio <bajo la dirección, a costa> de Muhammad, hijo de Abusalema: obra de Aben Morracha ... el constructor... "

Rábita Califal

Rábita Califal

A finales de 1984 Rafael Azuar Ruiz, al frente de un equipo arqueológico de la Diputación Provincial inició la excavación sistemática del yacimiento. El descubrimiento fue mayor de lo esperado, pues no sólo apareció la mezquita fundada en el año 944 de la era cristiana de la que habla la lápida, sino un complejo religioso mucho más importante. Los restos arqueológicos se corresponden con los de una rábita (monasterio fortificado) de la época del Califato de Córdoba, que se mantuvo ocupada desde finales del siglo noveno hasta que un terremoto la destruyó en el año 1048. De su importancia baste decir que es la única conservada en España y una de las más antiguas del Mediterráneo occidental. Sin embargo no está claro si la población laica vivía junto a la rábita o estaba asentada hacia el interior, en lo que las primeras crónicas cristianas llaman Almodóvar.

Vistas generales del pueblo en 1901. En medio del caserío destaca la iglesia, cuando aún no se había construido el campanario
Guardamar del Segura, parte Norte

Guardamar del Segura, parte Norte

Guardamar del Segura, parte Sur. Al fondo las ruinas del castillo

Guardamar del Segura, parte Sur. Al fondo las ruinas del castillo


Han existido historiadores que afirmaron que la presencia mozárabe en nuestra comarca fue continua y notable, e incluso citan a Guardamar como sede de una mozarabía de importancia. Pero se trata más de una creencia que de una realidad probada. Más verosímil parece, por el contrario, atribuir al periodo musulmán la creación de la primitiva red de acequias de la huerta.

 Al descomponerse el Califato de Córdoba, el Bajo Segura se convirtió en un territorio sometido a las correrías de los reyes de taifas de origen eslavo. Fue uno de los últimos, quizás el más famoso, el rey Lobo de Murcia, que acabó sus días como feudatario de Castilla tras acatar la autoridad del infante D. Alfonso, futuro Alfonso X el Sabio. Con este periodo se inicia la presencia cristiana.

 Después de la gran sublevación de la población musulmana del año 1264 el reino de Murcia (al que entonces pertenecía Guardamar), fue ocupado por Jaime I de Aragón, que acudió en auxilio de su yerno el rey de Castilla trayendo consigo colonos catalanes. Los que se asentaron en nuestra comarca procedían mayoritariamente de la actual provincia de Lérida. Pese a esto, y en virtud del tratado de Almizra de 1244, toda la zona pertenecía a la Corona de Castilla. 

Durante el dominio castellano, Guardamar recibió los fueros de Alicante por privilegio de Alfonso el Sabio que luego confirmaría su hijo Sancho IV el Bravo en 1274. Este documento es de gran importancia por que en él por primera vez se cita a Guardamar con el rango de Villa Real, y luego serviría de base a las reivindicaciones de independencia del pueblo frente a Orihuela. Pero a finales del siglo XIII la situación cambió Jaime II de Aragón invadió el reino de Murcia para incorporarlo a su corona; y aunque no lo logró, consiguió retener parte del mismo.

Tras varios años de guerra, Castilla renunció a Alicante, Orihuela, Guardamar y sus términos respectivos por la Sentencia Arbitral de Torrellas y el Pacto de Elche 1304-1305. Estos territorios fueron incorporados al reino de Valencia formando la Gobernación "Ultra Sexonan" (más allá de Jijona) con capital en Orihuela. El cambio de soberanía que Torrellas estableció de derecho ya existía de hecho desde el 27 de abril de 1296, en que Jaime II ocupó Guardamar sin encontrar resistencia y nombró al caballero Galcerán de Rosanes como alcaide de su castillo.

La anexión formal al reino de Valencia sucedió en el año 1305, cuando Jaime II concedió a Guardamar los fueros de Valencia y Alicante por decreto firmado en una fecha muy significativa para este pueblo, el 25 de julio, festividad de San Jaime Apóstol, patrono principal de la Villa.

Durante breve tiempo, la localidad tuvo el rango y privilegio de Villa Real hasta que la guerra de los dos Pedros acabó con ello. En el siglo XIV la villa fue saqueada varias veces. La primera, el día de San Lucas (18 de octubre) de 1331, por los moros granadinos acaudillados por Reduán. A resultas del asalto fue destruida e incendiada, amén de llevarse a la mayoría de su población como esclavos. Poco tiempo después se inició la guerra entre Pedro I, el Cruel o el Justiciero, de Castilla y Pedro IV, el Ceremonioso, de Aragón. Este conflicto tuvo consecuencias nefastas, puesto que Guardamar sufrió dos asedios de la armada castellana, capitaneada por el mismo monarca. El primero, en agosto de 1358 cuando un fuerte temporal de levante dispersó a las dieciocho galeras que formaban la flota de D. Pedro. El segundo, en mayo de 1359, cuando volvió el castellano y conquistó la fortaleza casi sin resistencia. Como castigo, Pedro IV la redujo a aldea de Orihuela en 1364. 

Representante de Guardamar en las Cortes Valencianas

Representante de Guardamar en las Cortes Valencianas

En adelante, la importancia política de Guardamar decae y aparece como un poblado de pescadores, marineros, salineros (las salinas de la Mata pertenecían a su jurisdicción y era su mayor riqueza) y algunos hortelanos. El municipio, siempre falto de población, acogía a los forasteros sin ninguna restricción y se convirtió en refugio de todo género de aventureros. Estas gentes eran las tripulaciones idóneas para embarcarse en navíos, mercantes o como corsarios para saquear las costas granadinas y del norte de África. El lugar era también punto de reunión de contrabandistas y cuatreros, y en tal medida que el Consell de Orihuela intentó poner orden. Éste, en 1381, envió una comitiva armada para obligar a los lugareños a reconocer su autoridad y cobrar los impuestos. Por lo visto los resultados no fueron los esperados, ya que un año después propusieron construir un nuevo pueblo, más hacia el interior (el futuro Rojales), y abandonar Guardamar, lo que afortunadamente no se hizo. 

A comienzos del siglo XV, Guardamar era una aldea de pocos recursos dedicada a la pesca y a las salinas, con algo de ganadería y agricultura. Pero la situación cambió en poco tiempo. Desde 1400 a 1450 el regadío se extendió y en sus dilatadas marjales pastaban los mejores rebaños de la gobernación. Llegaron muchos inmigrantes que se instalaron aquí, de manera que el resultado fue la ocupación de todo el recinto amurallado. También era Guardamar un mercado de esclavos berberiscos y lugar de asilo de perseguidos, teniendo una iglesia que gozaba desde antiguo del privilegio de asilo. Así por ejemplo, en 1396 el caballero murciano D. Juan Ruiz se fugó con una doncella perteneciente a una familia rival y se refugió en la iglesia de San Jaime, pese a lo cual los hermanos de la novia le dieron muerte. Tan grande fue la indignación, que la autoridad local los prendió y, tras juicio sumarísimo, ordenó al verdugo que los ejecutara con gran satisfacción del populacho. 

 

Bibliografía

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