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En la primera mitad del siglo XVI Guardamar tuvo que hacer frente a varios desembarcos berberiscos (1502-1543). Estos asaltos, unidos a la intranquilidad que producía la posible alianza entre los musulmanes africanos y los moriscos valencianos, movió a las autoridades del reino a renovar las fortificaciones costeras, incluidas las de nuestro pueblo. 

A través de sendos informes redactados por los ingenieros militares Juan Bautista Antonelli (1553-1558) y Vespasiano Gonzaga (1575) conocemos detalles de las obras que se realizaron y de la situación general en que se encontraba el pueblo. Según Vespasiano Gonzaga, Guardamar tenía 120 casas dentro de la muralla. Por estos años se remodelaron las fortificaciones, adaptándolas a las necesidades defensivas del siglo XVI, es decir, preparándolas para resistir el bombardeo artillero. Como resultado de estas obras, se remodeló el llamado "Baluarte de la Pólvora" y se reconstruyeron las torres de vigilancia litorales, como la que actualmente sigue en pie en las salinas de Santa Pola o las que dieron nombre a Torrevieja, Torrelamata y Torre de la Horadada. Pero, pese a tantos esfuerzos y a las franquicias que Fernando el Católico y Carlos I concedieron a sus habitantes, la piratería berberisca castigó en demasía al pueblo y éste perdió la mayoría de su población.

Durante todo este periodo, como afirman Clara E. Martínez Teva y José García Amorós en su estudio "Concesión del Título de Real Vílla a Guardamar",la situación jurídica del pueblo durante los siglos XV-XVII era ambigua. Puesto que si oficialmente era aldea de Orihuela, en la práctica, se comportaba como villa independiente, eligiendo a sus autoridades, y como tal era tratada por la corona.

De 1625 datan los actuales "Estatutos de riego del Juzgado Privativo de Aguas de Guardamar", redactados por Jerónimo Mingot, abogado fiscal y patrimonial de Alicante, por orden de Felipe IV, quién las aprobó el mismo año. Constituyen un verdadero monumento jurídico todavía vigente y en gran parte desconocido para los propios guardamarencos.

En 1648 la población fue diezmada por una epidemia de peste, enfermedad catastrófica para la época y que causaba verdadero terror. Al verse libre el pueblo de la epidemia posterior de 1678, el Cabildo Municipal instituyó, como voto de acción de gracias, la fiesta de San Roque, santo al que se le consideraba protector contra la peste.

Pero el acontecimiento más importante del siglo XVII sería la concesión del título de Villa Real con derecho a representación en las Cortes del Reino por privilegio del rey Carlos II, el 29 de agosto de 1692. Merced que costó un generoso donativo de cuatro mil ducados de las arcas de Guardamar a la Hacienda Real y un pleito igualmente costoso con la ciudad de Orihuela. Las lindes de la flamante villa real eran mucho más extensas que hoy día, incluyendo los actuales términos municipales de Rojales, San Fulgencio, parte de Dolores, Benijófar... Poco iba a servirle a Guardamar el derecho de representación en las Cortes Valencianas, porque éstas apenas se reunieron en los últimos años del siglo XVII y fueron suprimidas por el rey Felipe V en los primeros años del siglo XVIII. 

Título de Villa Real concedido a Guardamar en el siglo XVII

Título de Villa Real concedido a Guardamar en el siglo XVII

En la Guerra de Sucesión (1700-1713), Guardamar se mantuvo fiel a Felipe V a pesar de la amenaza que suponía el ejército del marqués de Rafal, favorable al archiduque Carlos de Austria. Por ello sufrió el asalto y saqueo de su caserío por las tropas austriaco el 23 de agosto de 1707. En recompensa de su fidelidad y del entusiasmo demostrado por los voluntarios que lucharon bajo sus banderas, el primer rey Borbón le otorgó el título de "Leal" y la liberó del pago de impuestos durante cuatro años por Real Cédula de 13 de julio de 1708. 

Castillo y Villa (siglo XVIII)

Castillo y Villa  (siglo XVIII)

El siglo XVIII avanza, tras la guerra, como un periodo de recuperación y desarrollo económico, patentes en nuevas construcciones como la iglesia parroquial, la ermita de la Soledad, o el propio barrio del arrabal construido a extramuros de la villa. Pero el gran esfuerzo del momento fue la bonificación de las marismas y marjales que ocupaban el sector costero de la Vega Baja.

La empresa supuso la primera amputación del término municipal, porque en 1720 se cedieron trece mil tahúllas al cardenal Belluga para crear las llamadas "Pías Fundaciones" (Dolores, San Fulgencio, y San Felipe Neri). A cambio, la villa recibiría doscientas cincuenta libras anuales hasta saldar un préstamo que tenía pendiente el Ayuntamiento y otras contraprestaciones menores. 

Guardamar se reservó para sus vecinos cuatro mil tahúllas en los actuales parajes de la Marjal, el Río Seco, el Ginebral... que serían puestas en cultivo tras la apertura de los azarbes de la Nueva, la Rasga, la Villa y tramo final de la Comuna. La ordenación dieciochesca de este sector de la huerta todavía se observa en el trazado rectilíneo de caminos y acequias y la dimensión de los bancales, los cuales eran originalmente de cinco tahúllas. 

Paralela corre la transformación de los pastizales en terrenos dedicados a cultivos de secano en el Campo de Guardamar. La causa era la presión demográfica producida por el aumento constante de la población, que en el censo de Aranda era de 2.088 habitantes (1769) y que en el de Floridablanca ascendía a 2.349 (1787). Ascenso espectacular si tenernos en cuenta que en el año 1773 se produjo la segregación de Rojales. De estos años es el manuscrito de Joseph Montesinos que trata de la historia de Guardamar en la antigüedad, y lo que es más importante y fiable de la situación en que se encontraba el pueblo en sus días. Dejando para más adelante lo relativo a la parroquia, edificios religiosos y fiestas, de su testimonio destacan los siguientes datos: 

"El pueblo seguía conservando el recinto amurallado, con dos entradas sobre las que campeaba el escudo de la villa y sendas puertas de hierro que se cerraban de noche. En el extremo meridional se encontraba el castillo que, aunque deteriorado, todavía se mantenía apto para la defensa. A finales del siglo XVIII era su "Alcaide " Miguel Claramunt, descendiente de una antigua familia de caballeros que había ostentado el cargo desde la Edad Media. El castillo tenía mazmorra, tres cisternas, vivienda para el "Alcaide" y su familia y depósito de armas. Sobre su única puerta se veneraba la imagen de San Roque. Desde allí partía la calle Mayor, que llegaba basta la puesta principal de la muralla y la iglesia; a medio camino aparecía el ayuntamiento, recia construcción de piedra en el que destacaba el salón de sesiones."

En estos años la corporación municipal estaba formada por dos alcaldes ordinarios, tres regidores, dos diputados, un procurador general, un síndico personero, escribano y alcalde de hermandad. El ayuntamiento pagaba de sus fondos un maestro de primeras letras, una maestra para las niñas, médico, cirujano-sangrador (barbero), comadrona, y macero (ujier del ayuntamiento). 

Entre las fortificaciones de la muralla de la villa destacaban el "Baluarte de la Pólvora" y tres torreones medianos, uno de los cuales servía como campanario. El resto lo constituían casas particulares, excepto el molino harinero hidráulico que en parte se conserva (aunque el edificio actual es posterior) y el almacén de la Real Compañía de los Cinco Gremios de Madrid, que se utilizaba para depositar la barrilla empleada para fabricar la sosa. 

Obra reciente era el puente de piedra, construido entre 1758 y 1760, que tenía tres ojos y dos urnas en medio de los muretes para colocar las imágenes de los patronos Santiago Apóstol y la Virgen del Rosario. Y una de las noticias más sorprendentes que leemos en el manuscrito es que por el cauce, del entonces caudaloso Río Segura, entraban barcos de doscientos quintales hasta la altura del puente. 

En cuanto a la economía, Montesinos nos describe una población eminentemente agrícola, dedicada al cultivo del olivo, la morera (gusanos de seda), viñas, granadas, naranjas, limones, trigo, cebada, maíz, hortalizas, y sobre todo  a la recolección de la barrilla. Hay también alguna referencia a las pesquerías de angulas en el río y los azarbes. 

Bibliografía

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