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La invasión árabe
Después de la toma de Orihuela por los cristianos y los muchos repartos de
la huerta efectuados por el Concejo de la Ciudad, desarticularon la base
económica de los moradores. Con la pérdida de sus haciendas y las muestras de
hostilidad, fueron muchos los musulmanes que iniciaron el éxodo hacia Granada o
el Norte de África mientras que otros optaron por quedarse como arrendatarios
de los caballeros cristianos.
Aunque la oligarquía urbana de permanencia se puso de manifiesto en repetidas
ocasiones no se pudo evitar la paulatina despoblación que, en 1451, se tradujo
en la desaparición de la morería de Orihuela. Contrata el fracaso de la ciudad
en su intento de retener y ampliar los efectivos mudéjares con el éxito
alcanzado por ciertos señores de lugares que consiguieron asegurarse dicha mano
de obra.
En 1491, D. Jaime Santangel, manifestó al Concejo de Orihuela su deseo de
poblar la heredad de Redován con cristianos y moros, consiguiendo una
población importante la heredad. Lo mismo sucedió en Albatera, La Granja y Cox,
todos ellos lugares de Señorío. En 1597 la población había crecido
notablemente.
En 1586 se envió un memorial al Virrey de Valencia haciendo alusión a las
familias de granadinos (moriscos procedentes de Granada con motivo de la diáspora).
La imagen de total asimilación y aceptación de la religión y prácticas
cristianas era perfecta, así como la convivencia.
El objeto de las referencias no era sólo impedir su salida de Orihuela sino
para todos los granadinos establecidos en el Reino de Valencia a partir de 1570.
Los argumentos del Consell oriolano para conseguir poblar la ciudad con 300 ó
400 familias de dichos granadinos hacían referencia, por un lado, a la escasez
de brazos para el cultivo de la huerta y por otro a su necesidad de trabajo del
lino, el cáñamo y la seda, de las cuales eran especialistas y que además constituían
una mano de obra más barata y menos exigente.
En 1573 la ciudad había solicitado al Virrey la entrada de moriscos granadinos
en Orihuela y otros lugares de la huerta al menos durante los meses de marzo,
abril y mayo. La ciudad alegaba falta de gente para el cultivo y el trabajo de
hilado hasta el extremo de que se perdían gran cantidad de frutos que no se
recogían, pero hacían especial mención a la seda. Se prefería al morisco
granadino al cristiano.
Con la expulsión de los moriscos a partir del año 1603 la economía local se
resintió ya que muchos de los pobladores oriolanos
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