Los primeros asentamientos humanos en el término de Rojales se remontan al Neolítico final, en el transcurso del IV al III milenio, y los hallamos en pequeños poblados de chozas cercanos al río. Posteriormente, sucederán los primeros metalúrgicos (Cabezo de la Particiones y Soler), ligando la zona a los focos metalúrgicos de la Edad de Bronce.

Con la conquista musulmana, el poblamiento rural comarcal se estructura en función de la ciudad de Orihuela. Destacan la alquería de Al-Mudawwar (Almodóvar) que se estructuraba entorno al cerro fortificado de Cabezo Soler, y las laderas de Inquisición Grande, poblamiento del Alto Medievo que se puede considerar como el Rojales musulmán y que dan origen a la popular leyenda de La Encantá, parte del pensamiento colectivo de la zona.

Vista actual del pueblo

Vista actual del pueblo


Rojales es un bello pueblo huertano rodeado de huerta de regadío, que florece cuando se amplía la red de riego bajomedieval oriolana en el último tramo del río Segura. Este hecho histórico condiciona la fundación de la población de Rojales en su actual ubicación y de su conjunto hidráulico urbano. De características monumentales, representado por el Azud, Boqueras de las acequias mayores, la Noria y el puente de Carlos III, de los siglos XV al XVIII une los diferentes barrios de la población a partir de la divisoria que establece el cauce del río.

La vivienda típica tradicional presenta claras influencias de la casa latino-romana, con patio central, en su configuración tipológica, mientras que en la morfología urbana se conserva y se distingue la fisonomía urbana en ladera de los barrios tradicionales.

Muestra de la historia en el museo

El pueblo presenta, culminando la ladera sur de su trama urbana, un importante conjunto arquitectónico popular subterráneo que comienza a articularse desde el siglo XVIII.

Desde principios del siglo XVIII, Rojales comienza a dar los primeros pasos para erigirse en población independiente de Guardamar. Para ello compra su independencia al Rey mediante pago de una importante cantidad a las arcas reales, estimada en dieciocho ducados por vecino. La segregación de Rojales en 1773 culmina con el proceso legal iniciado en 1749, suponiendo la pérdida del propio Rojales y de la mitad del término municipal de Guardamar, incorporado a la nueva villa independiente.

Muestra de la historia en el  museo


El pueblo de Rojales ejemplifica el crecimiento demográfico y urbanístico ligado a la expansión de la agricultura durante los siglos XVIII y XIX. Posibilitó, en primer lugar, el aumento del número de explotaciones agrícolas en forma de fincas o haciendas agrícolas (con la instalación de casas y barracas para asentar a la nueva inmigración de arrendatarios o terrajeros) gracias a las colonizaciones agrarias en el campo y en el marjal. En segundo lugar, el auge de la agricultura comercial gracias a las mayores posibilidades de embarque en Guardamar. Todo ello además vino a potenciar un crecimiento general en ventas y trabajo del resto de sectores económicos locales más importantes, como el de artesanía textil (lino y cáñamo) y del filete (esparto).  Pasó de ser una aldea con la mitad que la población de Guardamar durante el siglo XVIII a convertirse, a lo largo del siglo XIX, en un pueblo parejo en habitantes a Guardamar. Miñano en la descripción que realiza en 1872 de la población de Rojales da perfectamente cuenta de ello:

"Era la población floreciente; contaba con unos 2.500 habitantes; los productos de su huerta eran riquísimos y abundantes; sus pimientos y alcachofas abastecían a Cartagena, Alicante, Elche, Orihuela, y aún Madrid; producía además, naranjas, cereales, barrilla, vino y aceite; contaba con quince telares, un molino harinero, cinco de aceite y una posada".

Finalmente, el desarrollo turístico de Rojales actual y las urbanizaciones establecidas en diferentes zonas del término municipal han hecho que una población censada de cerca de 8.000 habitantes se aumente en determinados periodos vacacionales a unos 30.000.

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