Inicio> Textos para reflexionar> La Fuerza de la Lectura
Leer es una de las actividades más completas, formativas y placenteras a la que podemos dedicar nuestro tiempo. La lectura puede ampliar nuestros conocimientos, transportarnos a otros mundos, ayudar a conocer a los otros y a nosotros mismos y hacernos vivir aventuras apasionantes en diferentes situaciones. La lectura tiene un enorme poder de fascinación.
El énfasis principal de la enseñanza debería estar en la adquisición por todos los alumnos de determinadas capacidades básicas y competencias específicas, entre ellas la de la lectura. Se hace preciso, entonces, que todos, profesores, padres y alumnos, se impliquen activamente en la tarea de despertar el gusto por la lectura y que consideren que la lectura es una estrategia primordial en el aprendizaje. Animar, facilitar, convencer a los padres de la importancia de que en la familia se valoren los libros y se dedique algún tiempo a la lectura, es una tarea necesaria en la que no se debe escatimar esfuerzos. Sería necesario igualmente que los profesores leyeran cada vez más y que sus alumnos percibieran que disfrutan con el tiempo que dedican a la lectura. Si siempre ha sido importante leer, hoy lo es aun más por el antídoto que supone la lectura ante tres acechanzas del mundo actual: el riesgo del dominio de la imagen, el riesgo del aislamiento y el riesgo de la superficialidad. Veamos brevemente cada uno de ellos.
La nueva sociedad de la información no ayuda a educar en el placer de la lectura. El predominio absoluto de la imagen y el interés por lo inmediato no favorece los requisitos básicos de la actividad lectora: texto escrito, comprensión del significado y de las relaciones, complejidad del texto, esfuerzo. El alumno está acostumbrado desde pequeño a obtener la información con escasa atención y a través de formatos multimedia. La televisión es una fuente que transmite rápidamente mensajes continuos que se comprenden con facilidad y de forma inmediata. Además, la información tediosa puede abandonarse a través del mando a distancia. La lectura, por el contrario, pone en acción un conjunto de habilidades muy diferentes: hace falta tiempo, tranquilidad, interés y perseverancia para comprender un texto y disfrutarlo. La experiencia lectora satisfactoria contribuye poderosamente a desarrollar estas estrategias necesarias, lo que a su vez va a ayudar a la formación de una personalidad más independiente y reflexiva.
El segundo riesgo es el individualismo y el aislamiento. Vivimos en una sociedad exigente y competitiva, en la que se exaltan los valores individuales en detrimento de los sociales y colectivos. Además, las familias y los grupos sociales tienden a relacionarse en función de su estatus social y cultural y olvidan, evitan o marginan a aquellos otros que no comparten sus normas o sus reglas de distinción. La presencia de nuevas culturas debido al incremento constante de la inmigración puede abrir posibilidades de encuentro o separar más a unos de los otros. La dinámica laboral poco ayuda a establecer relaciones entre la familia y la escuela o entre la escuela y otros sectores sociales. Las necesarias políticas educativas se reducen la mayor parte de las veces a políticas escolares, limitadas a la labor que los profesores pueden hacer con sus alumnos en las horas lectivas. La separación, la falta de tiempo y el desencuentro son características normales de la vida social, especialmente en los núcleos urbanos.
Frente a estos problemas, la escuela y la apuesta por la lectura pueden convertirse en una opción valiosa para corregir esta situación. La escuela ha de ser lugar de encuentro entre alumnos de orígenes sociales, familiares y culturales diversos; espacio compartido de socialización, en el que se conozca a los otros y se aprenda de ellos; institución necesaria para la construcción de valores de respeto, tolerancia y solidaridad. Pero lo que permite el logro de estos objetivos no es la institución escolar en sí misma, sino las prácticas educativas que en ella se generan. Y una de las prácticas educativas más enriquecedoras es la lectura. La lectura nos pone en contacto con otros sentimientos, otras experiencias y otras vidas. Nos ayuda a distanciarnos de nosotros mismos, a viajar por el tiempo y por el espacio, a conocer nuevas culturas y nuevas realidades, a ser, de alguna manera, más humanos. La escuela y la lectura ayudan a romper la coraza del individualismo y a penetrar en los otros. Es difícil encontrar una experiencia educativa más enriquecedora que el tiempo dedicado a la lectura.
El tercer riesgo en la sociedad contemporánea, y desgraciadamente también en la enseñanza y en el aprendizaje escolar, es el de la superficialidad. A veces, cuando se consigue evitarlo, se cae en otro peligro: la reducción excesiva de los objetivos de la enseñanza a los estrictamente cognitivos. La inmensa cantidad de información disponible nos hace resbalar sobre ella para conocer más en el menor tiempo posible. No es fácil mantener una actitud tranquila y reflexiva ante tanta información.