Los conocimientos que proporciona la instrucción no pueden si deben dejarse dirigir por ninguna finalidad educativa. A la postre resulta que es justamente el rostro absolutamente inexpresivo del saber por el saber el que hace nacer en el sujeto, de su propia mente, la opinión y la conducta que la educación querría meterle en la boca ya masticadas y bien ensalivadas.
Los padres tienen con el hijo una relación privada y personal; va contra la naturaleza pública de la enseñanza, donde debe primar en solitario la impersonalidad.
Del tratamiento de usted: en primer lugar debe ser recíproco, luego obsérvese que lleva los verbos en tercera persona, como si los interlocutores estuvieran ausentes entre sí; la presencia física es neutralizada y abstraída. No debería despreciarse la importancia de las formas, ni aun de las más superficiales y protocolarias; que el centro de enseñanza se distinga "como el lugar donde se da de usted" ya puede suscitar en la conciencia el sentimiento de que se ha atravesado una frontera y se ha salido a un espacio "extraterritorial". La educación tiene un predominante carácter gregario: el grupo es el que educa, a traves de la necesidad de formar parte, que arrastra con fuerza irresistible a la imitación y a la comparación.
Prohibir me parece un punto más democrático que impedir: el que impide pone un obstáculo en las cosas, el que prohíbe apela a la persona, aunque sea bajo amenaza de castigo.
Hoy es prácticamente único y supremo educador la publicidad en general y especialmente la de la televisión. En todos los grupos de edad es la publicidad la que gobierna las pautas y determina los criterios de la comparación social. Esta comparación -hoy elevada al grado de obsesión- es la que dicta la aceptación, la integración y hasta prestigio social del individuo.
El imponente poder pedagógico de la publicidad tiene ya derrotado de antemano cualquier otro intento educativo.