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El cultivo del cañamo


El cultivo del cáñamo ha sido el más importante después de la naranja en toda la Vega Baja.
Alrededor de Orihuela ha habido siempre muy buenas tierras cañameras y especialmente en el margen izquierdo del río.
Los huertanos plantaban el cáñamo porque siempre ha sido un cultivo que ha rendido, ha matado las malas hierbas y ha dejado un buen rastrojo en el bancal. También se cultivaba porque se podía guardar para venderlo en los mejores momentos de precio o cuando la necesidad apremiaba.
Desde la década de los 60, con la aparición de las fibras artificiales, este cultivo ha desaparecido por completo de la huerta.
Era un cultivo que necesitaba de mucho trabajo por parte del agricultor y daba muchos jornales a ganar si la explotación era relativamente grande.
Para cultivarlo y obtener la fibra se realizaban diferentes tareas agrícolas:

Preparación de la tierra:
El bancal había que prepararlo concienzudamente: cuatro pasadas de rejas, dos pasadas de rulo y una de trejilla. Con la última reja se mezclaba una buena tonga de estiércol. Después se pasaba una tabla de clavos.
El bancal se repartía en tablas, se arreglaban las orillas y se echaba el "guano".

La siembra:
Para sembrar se hacían unas "mergas" (especie de calles) poniendo unos "tantos" (señales clavadas en el suelo) a seis o siete pasos. Se podía efectuar la siembra de dos maneras posibles: de regadío o de tempero (llamada también de "sasón").
A cada tahúlla se le sembraba 22 o 23 Kg de simiente (dos barchillas). La simiente se mezclaba de dos clases: cáñamo corriente y cáñamo pajarero, que no crecía mucho y daba enseguida simiente.
El acto de esparcir la semilla en el bancal se hacía lógicamente a mano: la simiente que cabía en una mano se tiraba en forma de abanico en dos veces o golpes. Se corría el bancal dos veces: Se iba por la merga y se volvía por el tanto. De esta esta manera a la tierra caía dos veces semilla.
La mejor época para la siembra eran las fechas posteriores a San José.

Foto tierra

El cultivo:
Una vez sembrado se regaba de primeras y en cuanto la tierra estaba buena se le pasaba una tabla de clavos. El cáñamo era una simiente muy delicada en cuanto a la germinación. Cuando estaba alrededor de unos 15 cm. de altura se regaba de nuevo. Hasta entonces el principal enemigo del cáñamo era el agua, ya fuera de riego o de la lluvia o riadas.
Se le daban después tres o cuatro riegos, hasta que se hacía de unos 2'30 m de altura. Estaba aproximadamente unos 4 meses en el bancal (cáñamo blanco) o 5 meses (cáñamo de simiente). Antes de segarlo se le dejaba pasar sed al menos un mes para que cogiera hebra.

Foto riego

La siega:
El cáñamo se segaba a mano. En el brazo contrario los segadores se colocaban una sobremanga para evitar en lo posible los roces con las varas. Se segaba de poniente a levante por las mañanas y de levante a poniente por las tardes para así aprovechar la sombra que el mismo cáñamo hacía.
Cada brazada que se recogía de cáñamo se dejaba tendida en el suelo. A los cuatro días se le daba la vuelta. Después de otros cuatro se recogía y se ataba la garba.

El jargolao:
Jargolar el cáñamo consistía en quitarle toda la hojarasca. Una vez seco el cáñamo, con una horqueta de madera. Una vez limpio se le subía a la garba el atadillo y se hacía con ella una especie de abanico para que secara mejor. Hecho esto se hacia un haz juntando tres garbas y se ataba con una cordeta. Con treinta haces se hacía una cuerda y con varias de ellas un palomar.

El jimensao:
Con el cáñamo de simiente se hacían garberas. Las garberas se colocaban en hileras. Después en una era se procedía al "jimensao". Se le daban a las garbas golpes con la horqueta de madera. Con todo lo obtenido y con ayuda de una pala de madera se aventaba para separar la hojarasca de la simiente.

El Embalsado:
Antes de proceder a gramar el cáñamo, a éste había que cocerlo. Consistía en meter el cáñamo en una balsa y cubrirlo con agua durante varios días.
La balsa era un hoyo de forma rectangular. Tenía dos tendederos a los lados, una entrada de agua por la parte delantera y un sifón por la parte posterior.
Las balsas se medían por nevadas. Cada una es una hilera de haces cruzadas por las flores. Con la balsa a mitad de agua se iban colocando nevadas hasta completar la superficie de la balsa. Se le colocaban encima grandes piedras para evitar que el cáñamo flotara. A pesar de ello las últimas tiras no se hundían hasta pasados unos cuatro días.
Después de unos días se le cambiaba el agua (deslejiar) y se le quitaba la espuma que producía. Esta operación se repetía a los 4 o 5 días. Se probaba para saber si estaba cocido (quebrando un tallo para comprobar que la fibra se separaba de la caña).
Al lado de la balsa se hacían los palomares para que el agua escurriese. Después se empinaban las garbas subiéndoles el atadillo. En cuanto que estaba seco se ataban tres garbas por haz y se llevaba al lugar donde se tenía que gramar, formando con ellas una garbera.

Foto cáñamo

B.b El Habla de Orihuela
         José Guillén García
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