Historia

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Edíficio antiguo de Almoradí.

"A dos leguas largas de la ciudad de Orihuela, su capital, en las espaciosas márgenes del célebre río Segura, está la insigne, antiquísima y Regia Universidad de Almoradí".

Con estas palabras da comienzo el historiador Don José Montesinos su Crónica suma de la Ilustre Universidad Regia de Almoradí.

Fundada por el Rey Brigo en el año 196 a.C. con el nombre de Amarión, fue colonizada por distintos pueblos de la antigüedad como cartagineses, romanos, visigodos y musulmanes. Del árabe toma su actual nombre "Al-muwallidîn" (Almoradí) y tuvo mezquita durante 542 años, hasta que el Rey Jaime I el Conquistador la ganó para la corona de Aragón el año 1265.

La leyenda cuenta que fue el 30 de noviembre, festividad de San Andrés Apóstol y que la noche anterior a su conquista apareció un aspa dorada, símbolo del martirio del santo, sobre la mezquita, interpretando el rey que era la señal de la victoria sobre los mahometanos, como así fue. Reconquistada la ciudad, se consagró su iglesia al Santo Apóstol.

A finales del siglo XVI, en 1583, Felipe II le concede el privilegio real de Universidad, que es como se denominaba a los municipios (con territorio propio y órganos de gobierno local) en Cataluña y Aragón en la Edad Media; firmado en El Escorial el día 5 de octubre. Por este privilegio se pagaron 5.000 libras.

En 1706 consigue el reconocimiento de Villa Ilustre por Felipe V, logrando su total emancipación de Orihuela el año 1792.

El terremoto de 1829, el 21 de marzo, asola Almoradí y 28 pueblos de la comarca. Totalmente destruido, con casi el 50% de la población desaparecida, Almoradí ha de ser reconstruida de nueva planta. Labor realizada por el ingeniero Larramendi, que convierte el pueblo en una ciudad moderna, con trazado rectilíneo, de calles anchas y con una espaciosa plaza. Este trazado cartesiano sigue hoy vigente en el crecimiento urbano de la Villa.

Aquella tragedia también tuvo consecuencias de índole social y religiosa para los habitantes de Almoradí. La rogativa a San Emigdio, intercesor contra los terremotos, que se celebra de manera ininterrumpida desde 1829 y en la que participa la Corporación Municipal, como voto perpetuo. El origen de la devoción al Cristo de las Campanas en Almoradí, se sitúa también inmediatamente después del terremoto y aparece vinculada a la comunidad de Padres Mínimos establecida aquí desde 1609. La tradición oral menciona la presencia de un Cristo Crucificado que, situado debajo del campanario en el convento de San Francisco, quedó intacto. Otros dicen que, gracias al sonido de la campana que repicó insistentemente antes del terremoto, salvaron sus vidas. Por último se dice también que el origen de esta devoción es el encuentro de un pequeño crucifijo debajo de una campana  sepultada por los escombros del convento.

Siendo un pueblo de economía eminentemente agrícola, ha desarrollado a lo largo de este siglo diversas iniciativas industriales que paliaron en su momento las crisis económicas de la comarca, como fueron las industrias conserveras en los años 20 y las fábricas de muebles en las décadas de los 50 y 60, cuando la agricultura ya no representaba el primer puesto en su desarrollo económico. En la actualidad la industria del mueble tiene su mayor centro en Almoradí, donde ha conocido un fuerte impulso empresarial que proporciona muchos puestos de trabajo.

Con una economía basada hoy en la industria del mueble y en los servicios, su población está en continuo crecimiento, llegando en enero de 2008 a los 19.048 habitantes.

Para terminar mencionamos la dedicatoria que abre las páginas de un libro recientemente publicado por el profesor Gregorio Canales, sobre la catástrofe sísmica de 1829. Dice así: "A los vecinos de Almoradí, por hacer de la adversidad un principio de superación. Que esta actitud sirva de estímulo a otros pueblos."