Introducción

Introducción

Virgen  DolorosaEn el recuerdo de muchos de los presentes quedará la época en que, al llegar la Cuaresma, el pueblo se recogia y se preparaba para la celebración de los actos de la Semana Santa. Los más jóvenes acudían a recibir la ceniza el miércoles que marca el inicio de la misma, con la alegría de no ser un día lectivo. Las imágenes de los templos se tapaban a fin de crear un ambiente de recogimiento. Predicadores eran reclamados y venían a concienciarnos del tiempo litúrgico que se aproximaba, realizando esplendorosas charlas desde los púlpitos, en las que demostraban sus buenas dotes de orador. Ellos conjugaban el latín y el castellano de tal forma que anonadaban al oyente.

 

Representación de la entrada de Jesús a JerusalénPasando los días y, el Jueves Santo, cuando las campanas de los Templos anunciaban la Muerte de Nuestro Señor, se enmudecía el pueblo. Las lavanderas dejaban de entonar canciones mientras realizaban sus labores. Los niños enterraban sus canicas y zompos, quedándose el consuelo de poder "jugar" a realizar procesiones por el pasillo de su casa, portando pequeñas andas realizadas al efecto con gran imaginación. La radio, y más tarde la televisión, emitían música sacra e informativos intercalados por películas de tema religioso. Los bares apagaban el "picú" e invitaban a los clientes a que suspendieran sus partidas de juegos de azar por la muerte del Señor. La Cofradía se presentaba como único campo de acción para los jóvenes, y los no tan jóvenes, de la localidad.

Con el anuncio de la Pasión de Cristo, revive en nuestro interior toda una vida de enseñanzas morales, que depositaron nuestros mayores en el corazón y en las costumbres de cada familia. Y, a pesar de las circunstancias y en las nuevas formas de vida, parece que nos alejan de esas vivencias; con la llegada de la Semana Santa, se enciende nuevamente en el sentimiento aquellas costumbres, aquellas oraciones, aquellas celebraciones tradicionales, que oímos de labios de la madre, o que cumplimos de la mano del padre.

En esas reflexiones, se mezclan los recuerdos de niño; la alegría de los días de fiesta; los zapatos nuevos; la palma; las imágines y sus capuchinos... Y en el intenso olor a flores y a velas, todos sentimos un poco aquello en cada Semana Santa, a pesar de los años.